Angustia, vienes a mí cada cierto tiempo.

¿Qué me quieres mostrar que a veces no te entiendo?

Me dices que yo misma te he invitado, que te he llamado para que vengas rápida a mi encuentro.

¿Yo te he llamado? ¡Cuándo! ¿En mis sueños?

Vienes como sutil mariposa y te quedas como fuerte trueno.

Me robas el aire, me robas el tiempo; no me dejas dar pasos; no me dejas alzar mi vuelo.

Cuanto más te pienso, menos duermo. Me traes feos recuerdos; recuerdos que creía olvidados, recuerdos que creía zanjados. Entonces, tomo aliento, reflexiono y pienso. ¿Dónde está tu fortaleza, tu morada, tu entrada, tu habitación más preciada? ¿Dónde está esa rendija, la cual creo que no está tapada ni sellada?

En mi mente has creado tu casa y hasta la tienes engalanada.

Digo en mis adentros… si tú tienes la llave, despídela, cierra sin lástima, sin culpa, sin rencor, sin miedos. Ella no tiene morada fija, siempre la pide prestada. ¿A qué esperas para sanar tu alma? Ella vino para mostrarte tus heridas no sanadas.

Entre nervios, temores y lágrimas, decido sentir tu mensaje, decido cruzar tus aguas; aguas sucias, aguas amargas; amargas por dentro y dulces en la orilla de mi alma. Ya no me das miedo…

Siento, cruzo… llego.