Busqué desde mi niñez quien me quisiera, quien me diera un abrazo sincero y me acurrucara entre sus piernas.

Busqué un beso sincero, una mano amiga, un saludo afectuoso, una mirada que me traspasara y que me llegara a cruzar el alma.

Busqué y busqué, sin darme cuenta que mientras más buscaba, más me estaba alejando de mí.

Buscando el amor fuera cuando ya estaba dentro.

Buscando un fiel abrazo, cuando ya me abrazaba en mis noches en vela.

Buscando y buscando crucé mi vida infinidad de veces, encontrando puertas inexplorables, antes no descubiertas.

Mis lágrimas fueron mi mejor medicina, pues me ayudaron a sentir, a vivir la vida tal cual era.

Dulces y amargas fueron mis guerras internas; no sucumbí a ellas.

Empecé a verme en ti, en mí, empecé a soltar mis ataduras, mis miedos, mis complejos, mis errores, mis penas.

Esa niña todavía vive en mí y aún le digo: «Aquí estoy, no temas.»

Te cuidaré cada segundo de vida, te acompañaré en cada experiencia que decidas vivir sin reservas. Seré tu timón para cruzar océanos en calma y en tormentas. Tu escudo, en el cual te refugies de flechas certeras. Seré tu ángel protector, el cual vela tus sueños, tus pasos, tus caídas, tu levantar, tus anhelos, hasta el final aquí en la tierra. Seré tu guía, tu consuelo; el empuje que necesitas hasta alcanzar tus metas. Seré, siempre seré tu luz durante el camino recorrido y en el final de cada trayecto aprendido, vivido, sentido, entre fronteras inciertas. 

Mi niña interior… no temas!

Seré, soy; tu fiel compañera.