Siempre mirando hacia afuera, a quién complacer, a quién amar, a quién ayudar, a quién querer.

Día tras día andando por calles oscuras de mi alma, sin encontrar satisfacción, sin encontrar esperanza.

Nada de lo que hacía me llenaba, porque intentaba llenar la vida de otros, mientras la mía se derrumbaba.

Nada de lo que hacía colmaba mi vacío de amor, de comprensión, de perdón.

Buscando fuera, me encontré dentro, dentro de mi pozo y de mi desierto.

Códigos internos que día a día se expresaban en otros, me hacían ver mi vacío interno, mi tristeza, mi desaliento.

¿A quién tengo que amar si no es a mí en primer lugar?

¿A quién tengo que complacer si no es a mi corazón, que batalla por mí día tras día y me regala la vida?

¿A quién tengo que ayudar si mi propia alma lo reclama y no es escuchada?

Gracias vida, gracias experiencias, que me hicieron tropezar para así enderezar mi camino; camino que no es ni a derecha ni a izquierda, camino que va directo a mí, hacia mi alma inquieta.