Llega la noche, con su brisa fresca, desnuda, húmeda, temblorosa, cortante como espada de doble filo. Titubeo si entrar en ella, si sólo la rozo o salto cual saltamontes huyendo del fuego. Ella me está llamando, lleva mucho tiempo esperando mi visita, lleva tiempo esperando que toque con mis dedos su herida; herida profunda, oscura, herida abierta, herida tapada y viva. Me sumerjo, me deslizo por sus rocas puntiagudas, por sus picos punzantes, me dejo llevar por el agua que…