Cómo vencer mis miedos, es una frase que nos hacemos constantemente, y más cuando nos encontramos en una encrucijada.

¿Doy el paso? ¿Qué ocurrirá si me «equivoco»?

El miedo nos paraliza; nos limita; ahoga y elimina nuestras fuerzas. Todo esto ocurre casi sin darnos cuenta.

Nos inculcan miedos desde muy pequeños. Desde el vientre de nuestra madre, experimentamos todas y cada una de sus emociones; y una de ellas es el miedo.

Hay un sin fin de ellos. Miedo a vivir; miedo a la muerte; a equivocarse, al qué dirán; miedo a perder a seres queridos; miedo a sentir; miedo a la enfermedad; a no ser amado/a, respetado/a, valorado/a.

¿Qué puedo hacer frente a todos ellos?

 

 

Sentirlos, cruzarlos, vivirlos. No hay más; así de sencillo y de complicado al mismo tiempo, porque nos negamos a ello.

Como bien te he dicho en otras ocasiones, no te creas nada de lo que te diga. Experimenta por ti mismo/a. Yo lo he hecho, y he descubierto que el miedo, es como la niebla densa; una vez que sale el sol, (que cruzas, vives y sientes esos miedos), esa niebla desaparece. ¡Ya puedes ver con claridad!

A continuación, voy a contarte uno de mis miedos. Voy a abrir mi corazón delante de ti y verás que soy igual de humana que tú. ¡Voy a ello!

 

Vivir, sentir, cruzar.

 

 

Esta semana atrás, decidí enfrentar uno de mis miedos. Tiempo atrás tuve una mala experiencia en un puesto de trabajo. Fue tan fuerte el malestar que llegué a experimentar, que me terminó provocando ansiedad. En ese momento, no quise sentir el miedo que me estaba produciendo, pero dentro de mí sabía que más tarde o temprano, tendría que enfrentarme a ello.

Pues bien, casi un año más tarde, llegó el día. Me volví a presentar a un puesto similar, y el miedo y ansiedad, me volvieron a visitar.

Mientras se acercaba el día de mi incorporación, el miedo y la ansiedad crecían. Sabía, que para vencerlos, tenía que pasar por ellos. ¡En esta ocasión no estaba dispuesta a echarme atrás!

Mis pensamientos me desbordaban. Casi sin darme cuenta, yo misma me había creado una historia con lo que me iba a pasar. Me imagina que la presión en el pecho no me iba a dejar ni a respirar, que no iba a hacer bien mi trabajo. Llegué a creer que no estaba cualificada; que no valía para ese puesto.

Sumergida en esa lluvia de pensamientos, decidí parar; reflexionar; y hacerme una serie de preguntas.

¿Es verdad lo que estaba pensando? ¿Estaba totalmente segura de que eran ciertos mis pensamientos? 

Mi contestación fue un no rotundo. ¡No eran ciertos!

En ese momento, me di cuenta que había sido engañada por mis propios pensamientos; fue para mi una liberación. Me di cuenta que la que me exigía era yo y que me presionaba por ello.

Comencé a trabajar y mi experiencia cambió; ya no lo vivía igual. Dejé de sentir presión, y me di cuenta que era válida para ese puesto. Disfrutaba; ya no era una pesada carga.

Cuestiona cada uno de tus pensamientos, porque si te producen sufrimiento, estos son  sustentados por mentiras y miedos.

 

 

Párate en el lugar que estés. Poco a poco ve cuestionando uno por uno todos esos miedos; te sorprenderás del resultado y de lo que vas a encontrar detrás de ellos.

La vida, acude fielmente día tras día a nuestro encuentro, para hacernos ver qué áreas de nuestra vida tienen que ser sanadas y restauradas. No pelees contra ella, pues es tu fiel amiga y compañera.

Cuando decidas vivir tus miedos, te darás cuenta que tú eres mayor que ellos.

Te dejo este vídeo, donde podrás ver «Lo que no nos enseñaron». Por Mikel Roman

¿Aceptas el reto? 😉