Es sabido, que no todos vemos el mundo igual. Dependiendo de nuestras percepciones, de nuestras interpretaciones, puede parecer de una forma u otra.

El mundo, es un mundo de percepciones, todas diferentes, todas vividas de diferente enfoque, y es que, cada uno/a hemos ido creando nuestro mapa mental, el cual, está confeccionado mayormente por engramas inconscientes.

¿Qué hacen estos engramas inconscientes?

Estos engramas inconscientes, se van activando a lo largo de toda nuestra vida y lo hace en determinadas experiencias que nos evocan a hechos ya vividos con anterioridad.

Todo esto queda grabado en nuestro inconsciente; todo queda almacenado y esto lo hace el inconsciente como forma de supervivencia, teniendo la facilidad de almacenar en él, todos los impactos emocionales que hemos vivido y los graba con todo lujo de detalles. Todo nuestro dolor, nuestras sensaciones, ruidos de nuestro entorno, palabras dichas por otros y por nosotros, hechos, lugares, etc. Aunque quedemos inconscientes, el engrama se genera y se guarda.

Para saber localizar estos engramas, solo tenemos que estar atentos a los desencadenantes que intervienen en los mismos. Estos desencadenantes, son ciertos patrones que se repiten, porque ya se han experimentado con anterioridad y los hemos interpretado de cierta forma que nos termina condicionando.

Cuando acontecen en nuestras vidas hechos parecidos, se dispara el engrama y lo vivimos igual que la primera vez que lo experimentamos. Es aquí el momento adecuado, para analizar y ver de qué forma, hemos interpretado dicha situación, que hace que en situaciones parecidas, reaccionemos de la misma forma. A estas situaciones, le podemos dar otro enfoque, cambiando así la forma en que la percibimos e interpretamos, a través de las submodlidades.

¿Por qué nuestra percepción actúa así? ¿Qué finalidad tiene?

Sin ella no podríamos vivir, ahí intervienen nuestros cinco sentidos. Sin ver, no podríamos localizar en nuestras vidas situaciones de peligro, como por ejemplo, cruzar por un paso de peatones y así podríamos  poner infinidad de ejemplos con los demás sentidos.

La mayor finalidad que tienen, es la supervivencia de la especie, del ser humano.

Registrar todos los estímulos sensoriales que vienen asociados a una situación de peligro, es un mecanismo biológico de supervivencia.

Poder trabajar y cambiar estos engramas para que no nos limiten en nuestro día a día, depende del cambio de percepción, de submodalidades. Pero, ¿qué son las submodalidades?

Las submodalidades son las distinciones o subdivisiones más simples de cada sistema representacional.

Os pongo un ejemplo: en la modalidad visual, las submodalidades serían color, tamaño, localización, distancia…

Es durante el embarazo y los primeros años de vida, que toda persona afianza la mayor parte de las sinapsis neuronales que conforman su mapa cerebral.

Al explorar nuestras submodalidades, podemos encontrar recursos que nos pueden ir bien para transformar experiencias que nos generan dolor, sufrimiento, etc. Si en una situación que nos genera miedo, buscamos un recurso en nuestro interior que teníamos guardado como seguridad, tranquilidad y lo llevamos a miedo, la percepción puede cambiar por completo y conseguir así, no vivir más esa experiencia catalogada como miedo, sino que ya la viviremos como seguridad y tranquilidad.

Una forma que nos ayuda a alejarnos de la interpretación que ejercemos constantemente en nuestro día a día, es la descripción. Si hacemos esto, si describimos, nos evitamos y liberamos de las emociones que sustentan estas interpretaciones. Tenemos que ser más objetivos y descriptivos.

Donde más han sido cuestionadas nuestra forma de ver y entender la vida, es en la etapa de nuestra niñez. Las asociaciones estructuradas durante nuestra infancia son las más poderosas, ya que es debido a su carácter inconsciente. Los niños pasan los seis años primeros de sus vidas, en un trance hipnótico. Todo lo que hayan aprendido en estos años, para ellos es incuestionable y es su única verdad. Todo se ha guardado sin filtro.

A todo esto, si le añadimos que también venimos con programas heredados de nuestros ancestros, emociones que ellos no supieron vivivarlas, dándoles otro enfoque, podemos decir bien alto y claro, que no vivimos la vida que realmente queremos, que percibimos la vida de la forma que otros en nuestro clan percibieron, que llevamos patrones implantados que nos condicionan y nos limitan, que para encontrar las infinitas posibilidades que Dios, Universo, Fuente, Jesús… nos da, tenemos que dejar el papel de observador, porque al ejercer este papel, limitamos las infinitas posibilidades, a una sola; a lo que interpretamos y percibimos.

En la vida hay abundancia de posibilidades, solo tienes que estar dispuesto/a a dejarte encontrar por ellas.

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