Los Juicios del Ego

Cada día y en un sinfín de momentos, emitimos juicios. Estos juicios vienen de la mano de nuestro ego. Creemos a ciencia cierta que todo lo que vemos es realidad y lo que no nos damos cuenta es que es nuestra realidad.

Si preguntas a otra persona que qué opina sobre un hecho en cuestión, te dirá otro juicio totalmente diferente al tuyo. ¿Cuántas veces nos precipitamos y hacemos conclusiones de algo que hemos visto u oído y después nos acabamos enterando de que para nada era lo que nosotros nos habíamos imaginado?

Por el hecho de que el pensamiento, juicio, viene de nosotros, lo creemos; y si lo hemos creído, actuamos en consecuencia y creamos inconscientemente nuestra realidad.

Te diré, que los juicios que hacemos, no corresponden a nuestro verdadero ser. Nuestro ser se encuentra en un rincón de nuestro interior, esperando y deseando ser liberado y mostrado.

Si prestamos atención por un momento a los pensamientos que emitimos constantemente, nos sorprenderá con qué facilidad salen y ni siquiera los hemos cuestionado ni valorado. ¿Te los crees al 100%? Mal asunto. Cuando aparecen, ¿te preguntas si son (con toda certeza) verdad? Cuando te cuestionas todo esto y te haces estas preguntas, te darás cuenta que has estado viviendo conforme a tus juicios y tu forma de pensar. Verás que la mayoría de sufrimiento, angustia, miedos, te los has estado provocando tú mismo sin la ayuda de nadie.

Tomando consciencia.

Empieza a cuestionar cada uno de ellos y hazte la pregunta de si de verdad son ciertos, o más bien vienen de tu ego. Irás poco a poco tomando consciencia de que casi todos, por no decirte todos, vienen de nuestro ego. Esto te llevará a notar sensaciones que para nada son agradables para ti y que has estado negando por mucho. Para nada queremos sentir y vivir estos procesos.

Este trabajo te llevará toda una vida. El ser humano tiende a emitir juicios con mucha facilidad. Si estás atento/a, te sorprenderá cómo llegas a emitirlos y muchas de las veces, ni siquiera te has dado cuenta de ello. Pero te aseguro que merece la pena trabajarlo. La recompensa es infinitamente mejor, y así evitarás vivir en el dolor y el sufrimiento innecesario.

Si permaneces despierto/a, te llegará a sorprender lo sutil e inconsciente que pueden llegar a ser y lo bien acompañado que viene de nuestros pensamientos. ¿Sabes?, podemos llegar a superar los 65.000 pensamientos diarios. Sí, como lo oyes. La mayoría de ellos no vienen para ayudarnos, más bien aparecen para traer negatividad y mucha de ella viene de los juicios que pronunciamos hacia nosotros mismos y hacia los demás.

Dudamos hasta de nuestra sombra. Dependiendo de la infancia que hayamos tenido, emitiremos nuestros juicios.

Despertando de mis juicios

Esta semana atrás no ha sido fácil para mí. Han ocurrido varias circunstancias que me han hecho tambalear; sentía que mi interior se caía a pedazos. Si te soy sincera, agradezco que me haya pasado todo lo que me ha acontecido en esta semana. Con todo ello, he tomado consciencia de mi ceguera. He descubierto gracias a estas personas, las cuales me han servido de espejo, daños que tenía cubiertos, escondidos, tapados por muchos años.

Si recibes comentarios, juicios y notas malestar por ellos, la vida hace que se encienda dentro de ti el piloto rojo, indicando que hay algo pendiente que tienes que curar, que tienes que sanar. Me costó varios días sentarme en ese dolor que subía hacia mi exterior. La tristeza empezó a invadir cada una de mis células. Aún así, pese a que no era agradable sentir lo que estaba sintiendo, decidí sentarme en mi dolor y en mi tristeza y sentirlos. Sólo así pude tirar del hilo y pude encontrar de dónde venía.

¿Qué descubrí?

Descubrí que a los 13 años, viví experiencias que fueron desagradables para mí. Fueron momentos que yo necesitaba la aprobación de mi padre y no la tuve. En ese momento comprendí que había estado viviendo una vida que no era la mía, pues buscaba esa misma aprobación en los demás y vivía una vida que no era la mía; no la que yo realmente quería para mí.

Gracias a nuestros espejos, podemos liberarnos de nuestras ataduras y vivir la vida en completa paz y alegría. Es cuando llegamos a conocer que somos verdaderamente libres.

Aunque te de miedo cruzar tu dolor, hazlo; la libertad te espera para conducirte de la mano y llevarte hacia la verdadera paz, sintiendo así en cada uno de tus poros, el amor que la vida te da en cada momento y en cada instante de tu preciosa y apreciada vida.

Esta ha sido una más de mis experiencias. Con ello no te pido que te la creas, experiméntalo por ti mismo/a. 😉

¿Aceptas el reto? 🙂