¿Por qué nos frustramos?

En nuestro día a día pueden venir a nuestro encuentro la sensación y el malestar de la frustración, pero no solemos pensar, ¿por qué nos frustramos?

¿Quién no se ha frustrado en algún momento de su vida? Yo me atrevería a decir que nos solemos frustrar con mucha asiduidad.

Si estuviésemos en una reunión, y nos pidieran levantar la mano a todos los que hayamos sentido en algún momento esta sensación, yo sería una de las personas que la levantaría; y es que hasta no hace mucho, vivía ignorándolo.

Para mí ha sido un descubrimiento esclarecedor y que a la misma vez me liberaba. Por fin podía soltar una pesada carga.

Las frustraciones que experimentamos, nos las provocamos nosotros mismos. Solemos culpar y responsabilizar al otro, a nuestro entorno, o a lo que nos rodea.

Os pondré un ejemplo que a mí me ha llegado a pasar y que hace poco le ocurrió a una amiga.

¿A quién no le ha pasado, que al mandar un Whatsapp, si no has recibido contestación por la otra parte, ya nos estamos imaginando una y mil causas, y hasta nos llegamos a mosquear por ello? Llegamos a pensar que ya no quiere saber nada de nosotros, que tarda mucho en responder, que qué estará haciendo, con quién estará hablando, ¿estará enfadado/a conmigo?

Todas estas expectativas que nos hemos creado anteriormente, nos llevan a frustrarnos. ¿Verdaderamente está obligada la otra persona a contestarnos de la forma que creemos y hemos pensamos? Si no estamos atentos a esto, difícilmente nos daremos cuenta de que nosotros somos  los responsables de nuestro malestar.

Lo mismo ocurre cuando te haces expectativas de tu nuevo trabajo, de tus compañeros, pareja…

Mientras más expectativas te crees, más grande será tu nivel de frustración.

¿Qué sensaciones nos crea, el ver que nuestras expectativas no han sido cumplidas?

Las expectativas que nos creamos, nos impiden disfrutar del momento presente. La vida nos lleva a pasar por estas experiencias para que veamos cuáles son nuestras ideas más erradas y cuáles son las  que hemos creído que nunca podríamos superar, vivir.

Al vivir momentos que tú nunca habías pensado, te darás cuenta de lo que puedes lograr.

Si quieres saber si te sientes frustrado, sólo tienes que pararte por un momento y sentir qué emociones están aflorando, como la ira, rabia, tristeza, desolación, desilusión, ansiedad, depresión, agresividad

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Otro ejemplo que te daré, fue cuando tuve que tomar la difícil decisión de volver a irme a vivir a Madrid. Anteriormente esa idea ya la había descartado. Tenía la certeza que viviría en mi pueblo y que de allí nada ni nadie me movería. Pues bien, un buen día, esta posibilidad, (que después se hizo realidad), llegó en un momento donde nuestras circunstancias no eran las mejores.

Como mis expectativas eran todo lo contrario a la realidad que se nos venía, mi mundo se vino abajo. Nos adentrábamos a dar un paso aún mayor de lo que lo hicimos años antes y el miedo volvía a llamar a mi puerta; junto a él, inseparable, estaba la frustración.

Culpaba a todo lo que yo creía que me había llevado a tomar esa decisión. No aceptaba lo que estaba ocurriendo en mi vida. Esto me llevó años, hasta darme cuenta que la responsable de todas mis frustraciones era yo.

Hasta que no vives las experiencias que la vida te trae, para que tomemos consciencia de lo que podemos lograr y superar, no nos daremos cuenta que estamos sumergidos en nuestras propias creencias.

Ahora, tras mirar atrás, y puedo ver que todo lo que me ha ocurrido, era necesario en mi vida. He superado circunstancias que nunca antes creía que las iba a poder superar. He tenido que pasar por todas y cada una de ellas y aprender que mis frustraciones venían a mí en modo de despertador, de vigía. Estoy segura, que si no hubiese experimentado mis frustraciones, no estaría en el lugar en el que estoy y con la consciencia que ahora tengo.

Esto no quita, que sienta dolor al tener que mirar mis ideas previamente concebidas. A nadie le gusta ver que sus pensamientos, ideas, creencias, conceptos, no son realmente como las vemos. En nosotros está el aceptar que nos podemos equivocar y el decidir andar en esta vida, de una forma distinta.

No esperes nada; y esa nada, te traerá libertad y quitará de ti toda pesada carga.

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