Una mirada a mi interior

Llega la noche, con su brisa fresca, desnuda, húmeda, temblorosa, cortante como espada de doble filo.

Titubeo si entrar en ella, si sólo la rozo o salto cual saltamontes huyendo del fuego.

Ella me está llamando, lleva mucho tiempo esperando mi visita, lleva tiempo esperando que toque con mis dedos su herida; herida profunda, oscura, herida abierta, herida tapada y viva.

Me sumerjo, me deslizo por sus rocas puntiagudas, por sus picos punzantes, me dejo llevar por el agua que recorre peñascos, piedras, hasta llegar a lo más profundo de la cueva.

Estoy allí, quieta; miro y me veo reflejada en su agua dulce y cristalina. Las estrellas me acompañan emitiendo su reflejo junto al mío, junto a mis heridas amargas. No estoy sola.

Siento en mí un dulce velo que recorre cada centímetro de mi cuerpo, me veo acompañada de mis ancestros.

Mis heridas son las vuestras, mis heridas me han enseñado ver el dolor acumulado y ocultado, dolor frío y amargo. Os veo, he visto vuestro sufrimiento.

Hoy decido sanar, hoy decido romper con mi sufrimiento, con vuestro sufrimiento. No habéis sufrido en vano. Hoy decido honraros a todos, sin excepción, porque gracias a cada uno de vosotros, estoy aquí, soy lo que soy gracias a vosotros. Hoy decido honraros desde el lado de la vida, desde el lado del amor.

La noche se ha tornado tibia, la noche se ha tornado de dulces colores, de un mágico esplendor…

Autora: Puri Iglesias

Especialista en Bioneuroemoción®